Bueno, lo acepto, también me sigue pegando duro en el fútbol... pero no importa, porque aún me queda mi equipo del torneo interno ("Los Increíbles")... increíblemente nefastos... somos la neta de la escuela... tenemos nuestra camisa roja que dice "The Incredibles" en el pecho, somos como 30 jugadores porque medio equipo aguanta menos de 20 minutos en el campo y ya está pidiendo su cambio y vomitando los pulmones, nos tiramos carreta sana entre nosotros, los tres monos que estábamos en la selección de la universidad fuimos diplomáticamente expulsados de la misma (entiéndase por diplomáticamente a no ser requerido en los entrenamientos como cuando el coach te dice "sí, Romeo, hay entrenamiento el miércoles a las 9 P. M.", y estás sentado en una banca del pasillo central de la universidad a las 6 P. M. porque tienes clase dentro de unos minutos, y ves cómo se dirigen al campo los demás porque cambiaron el entrenamiento para esa hora y nadie te avisó, etcétera...) ¡ah, sí! y el torneo pasado, de siete partidos ganamos sólo uno. We rock.
Pero bueno, "vayamos al grano", diría el vocalista de los Babasónicos. Este post lo hice porque el martes salvé al mundo y ni un amable "gracias" recibí. Sí, amiguis; me despojé de mi egoísmo y pensé en los demás; hice una serie de conjeturas de cómo el Universo podría joderme de esa manera tan linda y especial con la que suele hacerlo y planteé varios casos hipotéticos para tomar una decisión en cuanto a mis actos. He aquí lo que en mi trastornada cabeza rondaba el martes alrededor de las 5 P. M, tiempo en que las nubes presagiaban lluvia con gran seguridad.
Caso A.
Objetivo: Lavar el coche yo mismo, pues realmente lo necesitaba, y después de la fiesta del sábado me quedé con 150 pesos para toda la semana por lo que el presupuesto no alcanzaba para un carwash. Después de lavarlo, ir al Estadio Tamaulipas al partido de despedida de Joaquín Del Olmo contra los Pumas.
Posible acción del Universo en mi contra: Llovería y mi coche se ensuciaría de lodo después del caos vial que se hace al salir del estadio tras un lleno.
Caso B.
Objetivo: No lavar mi coche, pues tal vez llovería; mejor dejarlo afuera de mi casa para que con la lluvia se lave automáticamente, e irme al estadio en el coche de un amigo a disfrutar del partido que prometía ser espectacular con los Pumas, además de "Zague", Cuauhtémoc Blanco (sí, el jorobado que golpea reporteros), Marcelino Bernal, Antonio Sancho, Jorge Santillana, Luis "Matador" Hernández (sí, amiguito, el que conoces porque se metió a Big Brother), Alberto García Aspe, Adolfo Ríos, Hugo Pineda, "Chima" Ruiz, Arturo Elías Ayub (¿? sí, el Presidente del Patronato de la UNAM), Bernardo de la Garza (¿? sí, el precandidato a la Presidencia de México por el PVEM), entre otros no menos importantes (nah, ¿pa' qué miento?, sí eran menos importantes).
Posible acción del Universo en mi contra #1: No llovería y mi coche se quedaría sucio.
Posible acción del Universo en mi contra #2: Llovería y arruinaría el espectáculo en el partido de fútbol.
Difícil decisión, ¿verdad? Lo sé, el Universo no es tonto, y sabe por dónde fregarme... y como pueden ver, tenía muchas opciones por dónde hacerlo... así que, amigos míos, este, su no-tan-servidor, se armó de algo de valor y mucha flojera y dijo "nah, no lavo el coche"... preferí que no lloviera y que mi coche estuviese hecho una porquería para que el partido de fútbol resultara sin lluvia y atractivo a los 35,000 espectadores (y vendedores ambulantes, y colados sentados en los escalones, y los gandallas en la azotea de los altos edificios al lado del estadio).
Caso C.
Diagnóstico: De plano ya se me botó la canica del cerebro y ando publicando mis paranoias...
Hoy manejo un coche más sucio que la cabeza de Pancho Cachondo y nadie me dio las gracias por mi acto de buena fe. Bah... mundo cruel...