Este post es algo serio, se recomienda prudencia.
Estoy en shock. El día de hoy me di cuenta, después de más de 20 años de estar en un completo error, de que, desafortunadamente, no me gusta la ensalada de pollo. Así es, amigos, NO me gusta la ensalada de pollo. Lo que realmente me gusta son las galletas saladas.
Estaba tan metido en echarme la galleta con ensalada a la boca, saboreando lo delicioso de aquélla, cuando saltó a mis ojos que otra vez calculé mal y me faltó un paquetito de galletas para terminarme la ensalada que me había servido al plato. Lamentablemente estaba en la oficina, donde la posibilidad de conseguir más galletas saladas era casi nula. Así que fui a la cocina y tomé unas crackets, y como era de esperarse, el gesto de mi cara sugerido por mi paladar, fue de disgusto... simple y sencillamente no fue lo mismo.
Posteriormente, me detuve a analizar de manera racional la composición de la dichosa ensalada de pollo: zanahorias cocidas (no me gustan a menos que sean en sushi y muy apenas), chícharos (ascooo), papa (sólo me gustan con mucha sal [tendré que comenzar a preguntarme si lo que me gusta realmente son las papas o la meritita sal]), mayonesa con pollo!!! (aaaaasssscoooooo), crema (sin comentarios), etc... No sé cómo caí en las garras de la bendita ensalada de pollo, pero creo que esto no puede ser más que una obra de la televisión, sí, la televisión me tenía tan entretenido que ni reparaba en analizar o degustar la consistencia tan desagradable de la ensalada de pollo.
En fin, llegué a la conclusión de que a partir de ahora voy a comer más galletas saladas y menos ensalada de pollo.
Moraleja: ... ¿¿¿??? ¿acaso todos mis posts deben tener moraleja? ¡Carajo! ¡Nunca están contentos!