Pues sí, con eso de que el 2008 fue un año realmente pobre en cuanto a mis posts, que dejaron de ser un medio de expresión y comenzaron a convertirse en un "tengo que postear algo pero no sé qué escribir". Básicamente todo se resume a que me valió para tres cuartos de pepino echado a perder.
Uno de mis mejores amigos me comentó, al iniciar el año, que le gustaban los años pares, por lo tanto, el 2008 sería un buen año, que auguraba buenas cosas y que nos la pasaríamos bien. En agosto, mi amigo falleció, por causas que todavía desconozco, y que no quiero saber, pero que no significa que piense en ello sin provocarme aún ese sentimiento de ingrata insatisfacción que me orilla a decir "por supuesto que pude haber hecho más".
Durante el spring break, me dieron mi propio break, estuve solterito durante un mes, dedicado 100% al trabajo que en ese entonces no era otro más que estar en la playa ayudando a coordinar los eventos organizados por la cerveza mexicana más vendida en el mundo, con edecanes, fiestas, conciertos, cerveza gratis y una que otra table dancer bailando sobre una Hummer que... bueno, pa' qué les cuento...
En el verano, me fue de maravilla: una radiografía de la parte lumbar de mi columna decía que tenía un disco "degenerado", a causa de levantar más peso del debido en el gimnasio un año atrás, ejercicios que me sirvieron para gastar 300 pesos al mes y aumentar apenas 5 kg mal proporcionados en mi cuerpo (no se emocionen, fue en la panza). La consecuencia: pomadas, pastillas, inyecciones carísimas, bolsa de agua caliente y masajes, que me aliviaron nada más por un mes. Las prohibiciones: trotar o correr sobre pavimento, y en general cualquier deporte excepto la natación.
Tuve mi acostumbrada racha de gripe veraniega, esa que me fascina porque me obliga a pasar la semana de mayor calor en Tampico con el aire acondicionado apagado y sin poder tomar bebidas frías.
En septiembre, el neurólogo me diagnosticó migraña. Me prohibió el chocolate, la cerveza, el vino tinto, el exceso de carne roja y el Jarritos de Tamarindo (nah, no se crean, me muero...); al final, la conclusión fue que mi migraña se debía al estrés provocado por mi meticulosa y aprensiva personalidad. El tratamiento incluyó solamente pastillas y solución contra náuseas, lo cual no hubiera sido tan jodido si no se hubiera combinado con mi segunda racha de gripe, que me hizo andar en los viajes de trabajo con una chamarra cuando estábamos a más de 30°C al mediodía y en calidad de bulto al lado de mi jefe y el jefe de mi jefe.
El 15 de octubre pasó lo que supuestamente tenía que pasar, mi novia (bueno, ex) terminó conmigo, porque ya se le quemaban los frijoles por cambiar de modelo. De ese día en adelante, solamente dos veces le lloré, como la nena depresiva que soy: la primera por coraje, la segunda por pendejo (al escribir su post), la tercera por... ah no, me equivoqué de canción. Normalmente, suelo asimilar las cosas en un periodo razonable, como cualquier persona normal. Pero entre tantas y tantas conversaciones que recuerdo con ella (así como me acuerdo de las conversaciones con mis familiares, con mis amigos, con la señora de la tiendita de la esquina, y con mi perro), solamente hay una frase que me sigue asombrando peculiarmente: "cuando murió tu amigo, lo único que sentí fue indiferencia". Quedará para el recuerdo.
En el plano laboral, durante todo el año, recibí el "ya merito te damos el ascenso", que me iba a hacer ganar el triple del pichicachero sueldo que estaba recibiendo, con lo que supuestamente podría pagarme mi maestría a gusto y ahora sí poder cambiar de coche. Y fue finalmente el 31 de octubre que en la empresa decidieron aprovechar la "crisis" y realizar el desquiciado recorte masivo a nivel nacional, que al menos en la agencia de distribución donde yo estaba dejó la nómina administrativa a un 40%, llevándome entre las patas. Me fui como todo un campeón, con todo y mi "promoción"... me promovieron mucho pero a la chingada.
Octubre y noviembre fueron los meses de libertinaje a más no poder; en un mes gasté más dinero en alcohol, fiesta y desmadre, de lo que había gastado en -yo creo- toda mi vida. Me puse ebrio 6 de 7 días a la semana, me atasqué de chocolates, tomé cerveza, whiskey, vodka, tequila, vinto tinto, rosado y blanco, ginebra, ron, comí carnes rojas en exceso y claro, jamás faltó un Jarritos de Tamarindo en mi refrigerador.
¿La migraña? Se fue para no volver, a finales de octubre. Todavía no sé si se la llevó mi ex-trabajo o mi ex-novia. A cualquiera de los dos: gracias mil.
Creo que me aguanté tantas veces una buena lloriqueada, de esas que nomás a mí, a Niurka y a Marimar nos salen igual de chidas, que durante los clásicos abrazos de fin de año (o año nuevo, como sea), mientras abrazaba a mi numerosa familia paterna, iba dejando hombros llenos de lágrimas y mocos... aproximadamente 15 minutos me duró el desahogo, que no significaba otra cosa más que un "chinnnnngasss a tu maaaadreeee piiiinche año 2008 de mieeeeerrrrdaaaa te vassss al caraaaajjjjoooo!!!!!!!!" que salió desde lo más profundo de mi cucharón, ante la inminente aceptación de mis padres, tíos y primos, que parecían leer mi mente y entenderme a la perfección.
Y señoras y señores, los seres humanos tenemos esa asombrosa capacidad de acreditarle la efimería a cualquier cosa, que en el momento en que usted lea este post, el mismo ya estará siendo obsoleto, por el simple hecho de que en el título dice "2008". Ahora bien, deséeme suerte, éxito, salud, dinero y amorrrsss, que yo a usted le desearé lo mismo, incluso si no le conozco, pues de eso están hechos los propósitos de año nuevo, simplemente de buenos deseos.
Desear no cuesta nada, lamentablemente sólo somos un títere más en la obra de un director con demasiada imaginación. Feliz 2009. ¿Feliz? Ya lo veremos... usted nada más vuelva pronto, y sígase chutando mis "resúmenes".